Sara Iren

Blog personal creativo. Lo demás está entre líneas.

¿Por qué escribo?

¡Hola, soy Sara Iren!

Hay una creencia bastante extendida de que las mejores historias empiezan cuando pasa algo extraordinario: un giro dramático, un accidente o una noticia que lo cambia todo. Como si la vida tuviera que hacer ruido para que merezca la pena prestarle atención. Nos empeñamos en buscar sucesos que aceleren el corazón o nos dejen sin aliento, como si solo entonces pudiéramos decir: vale, aquí está pasando algo.

Pero no.

Las mejores historias son las que te hacen sentir, aunque no tengan nada especial. No necesitan grandes comienzos, ni momentos épicos, ni versiones espectaculares de nosotros mismos. De hecho, si sabes mirar, descubres que incluso en la rutina, en lo aparentemente insignificante, hay algo que merece la pena ser contado.

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Un idioma que siempre estuvo ahí

Siempre me han gustado las historias. No solo las que están en los libros, sino las que ocurren mientras miras el móvil, las que nadie escribe, las que fácilmente uno se olvida… hasta que alguien te las recuerda.

Durante mucho tiempo me hicieron creer que imaginar demasiado no era buena señal. Como si la imaginación fuera lo contrario de la seriedad, como si una cosa anulara a la otra. Recuerdo a una profesora —a quien recuerdo con cariño— diciéndole a mi madre: «Sara tiene demasiada imaginación». No sé exactamente qué quería decir con eso, ni qué esperaba que cambiara. Pero el mensaje que llegó a casa fue claro: había que corregirlo. Había que crecer.

Y, al parecer, crecer significaba dejar de imaginar.


Nunca fui especialmente buena siguiendo normas que no entendía. Escuchaba, sí, pero también filtraba. Algo dentro de mí —llámalo instinto, llámalo criterio— siempre se quedaba con lo que tenía sentido y soltaba lo demás. Y la imaginación nunca me pareció algo que sobrara, sino algo que con el tiempo aprendí a escuchar.

Ahora sé que es un idioma.

Por eso contamos historias

Porque cuando prestas atención, todo empieza a hablar. Un gesto, un silencio o lo que hay detrás de una sonrisa. De pronto entiendes que no hacen falta grandes giros para que algo tenga sentido, que la vida no necesita adornos para ser contada.

Las historias hacen algo que a veces no sabemos hacer solos: ordenan lo que sentimos, le ponen nombre a lo que nos cuesta decir y nos devuelven, casi sin darnos cuenta, a lo que importa. También conectan. Con alguien que no conoces, con alguien que piensa distinto, con alguien que, sin compartir tu experiencia, es capaz de entender una parte de ti.

Por eso escribo. 

Porque en cada relato hay una forma de sostener lo que somos, de mirarlo sin prisa y de compartirlo sin necesidad de explicarlo todo. Y si me permites un consejo: si quieres que alguien te recuerde, cuéntale una historia. Si quieres conocer a alguien, escucha la suya. Y si quieres saber qué tienes de especial… cuéntame la tuya.

Aviso al lector

Todas las historias publicadas en este blog son obras de carácter ficticio o narraciones adaptadas con fines creativos. En algunos casos, pueden estar inspiradas en experiencias personales vividas desde mi propio punto de vista, lo que implica una interpretación subjetiva de los hechos.

Con el objetivo de preservar la privacidad y evitar cualquier tipo de malentendido, se ha mantenido en todo momento el anonimato de las personas, y los nombres utilizados no corresponden a individuos reales ni a personas conocidas. En ningún caso se pretende herir, perjudicar o divulgar información privada de otras personas.

Cualquier parecido con la realidad, ya sea en nombres, situaciones o acontecimientos, es mera coincidencia y no responde a una intención de representar fielmente a personas o hechos reales.

El propósito principal de estos textos no es relatar hechos exactos, sino transmitir emociones. Lo verdaderamente real en estas historias es el sentimiento que las atraviesa: la forma de vivir, percibir y recordar. Este espacio busca conectar desde lo emocional, invitar a sentir y generar reflexión en quien lee.

Agradezco tu comprensión y te invito a disfrutar del contenido teniendo en cuenta estas consideraciones.

Sara Iren

Futura escritora